En los últimos años he visto algo que antes era impensado: familias y empresarios chilenos dejando de mirar a Estados Unidos como un destino aspiracional y viéndolo como una extensión natural de su estrategia patrimonial.
Lo confirmo en cada conversación con clientes y colegas: EE.UU. dejó de ser un sueño y pasó a ser una realidad.
El salto generacional del inversionista chileno.
Si antes la prioridad era invertir en departamentos en Santiago o fondos locales, hoy la conversación gira en torno a vehículos en Delaware, cuentas en Miami y proyectos multifamily en Texas o Florida.
La segunda generación, más global y digital, ya no piensa en “mandar dinero afuera”, sino en construir presencia legal y financiera en jurisdicciones sólidas.
El cambio de mentalidad es enorme.
La institucionalidad acompañó el movimiento.
#BCI abrió su oficina en Miami en los 90 y con la compra de #CityNationalBank consolidó una plataforma para chilenos que invierten o viven parte del año en EE.UU.
#BICE siguió el mismo camino, con foco en inversión inmobiliaria estructurada.
No es casualidad: los bancos siguieron el dinero.
Los abogados también viajamos.
Las grandes firmas chilenas entendieron rápido que el cliente con activos internacionales necesita asesoría sin fronteras.
Algunas abrieron en #Miami, otras en #Nueva York, y varias boutiques —como LegalKap— trabajamos full time en estructuras patrimoniales, planificación fiscal y compraventa de activos en EE.UU.
Como abogado internacional, me ha tocado ver esa transición: desde familias armando su primera LLC hasta diseñar vehículos multi-jurisdiccionales con trusts y gobernanza familiar.
Detrás de cada caso hay una historia: proteger lo construido y traspasar bien el legado.
El real estate, protagonista.
El sector inmobiliario es el gran motor de esta ola.
Florida, Texas, Nueva York y DC siguen atrayendo capital chileno en busca de renta estable y cobertura en dólares.
Muchos proyectos son "club deals" o fondos privados donde los chilenos actúan como socios estratégicos, no simples compradores.
No se están yendo; están diversificando su mapa de riesgo.
Una observación personal.
Cada vez que acompaño a un inversionista chileno en este proceso noto la misma mezcla: entusiasmo y ansiedad.
Entusiasmo por crecer en un mercado estable; ansiedad por hacerlo bien, sin errores que luego cuesten caro.
Ahí está el desafío: invertir es relativamente fácil; estructurar correctamente no tanto... hacerlo con criterio y visión marca la diferencia entre tener un activo en Miami y construir una presencia patrimonial sólida en Estados Unidos.
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